La respuesta bíblica es sencilla: tan pronto como una persona cree en Jesucristo, se arrepiente de sus pecados y comprende el propósito del bautismo.
Después de estudiar todos los ejemplos de conversión en el libro de Hechos, surge una pregunta natural:
¿Cuándo debe una persona bautizarse? La respuesta bíblica es sencilla: tan pronto como una persona cree en Jesucristo, se arrepiente de sus pecados y comprende el propósito del bautismo. En el Nuevo Testamento no encontramos personas esperando semanas, meses o años para bautizarse después de haber entendido el evangelio. Por el contrario, encontramos una urgencia constante.
Los tres mil en Pentecostés Después de escuchar la predicación de Pedro y preguntar qué debían hacer para ser salvos, recibieron la respuesta:
“Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Hechos 2:38).
La reacción fue inmediata: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hechos 2:41). No esperaron una fecha especial ni una ceremonia posterior. Fueron bautizados ese mismo día
Mientras Felipe le predicaba acerca de Jesús, el eunuco vio agua y preguntó: "Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?" (Hechos 8:36).
Tan pronto como confesó su fe en Cristo, detuvieron el carro y descendieron al agua para bautizarlo.
No hubo demora.
Observe la pregunta: "¿Por qué te detienes?" No había razón para esperar.
La respuesta del carcelero fue inmediata: "Y en aquella misma hora de la noche... fue bautizado él con todos los suyos" (Hechos 16:33).
Ni siquiera esperó hasta la mañana siguiente.
No.
Nadie en el Nuevo Testamento fue bautizado porque ya era perfecto. Todos fueron bautizados porque reconocieron que eran pecadores y necesitaban la gracia de Dios.
No.
Los convertidos del libro de Hechos no conocían toda la doctrina cristiana cuando fueron bautizados. Lo que sí entendían era:
Después de bautizarse continuaron creciendo en conocimiento y madurez espiritual.
El bautismo bíblico siempre fue administrado a personas que podían creer, arrepentirse y obedecer conscientemente al evangelio.
Si una persona fue bautizada cuando era un bebé, no tomó esa decisión por sí misma ni pudo ejercer fe personal en Cristo.
Por esa razón, muchas personas que fueron bautizadas de pequeñas deciden posteriormente ser bautizadas conforme al modelo del Nuevo Testamento, después de haber llegado a la fe y al entendimiento del evangelio.
La pregunta no es:
"¿Cuándo me conviene bautizarme?"
La pregunta bíblica es:
"¿Por qué esperar?"
Eso fue exactamente lo que Ananías preguntó a Pablo:
"¿Y ahora por qué te detienes? Levántate y bautízate..." (Hechos 22:16).
Si usted cree que Jesús es el Hijo de Dios, está dispuesto a arrepentirse de sus pecados y comprende que el bautismo es una respuesta de fe al evangelio, entonces el ejemplo del Nuevo Testamento muestra que no hay razón para posponerlo.
En cada caso de conversión registrado en el libro de Hechos, el bautismo siguió inmediatamente a la fe y al arrepentimiento. Nunca se presenta como algo opcional ni como una decisión para un momento futuro e indefinido.
Cuando una persona entiende el evangelio, cree en Jesucristo y desea obedecerle, el patrón bíblico es claro:
El momento de bautizarse es ahora.
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